lunes, 27 de febrero de 2012

A propósito de Einstein

Einstein - Viena 1921 - por Ferdinand Schmutzer
Corría el mes de septiembre de 2011, cuando un equipo de científicos del proyecto OPERA, encargado de estudiar el fenómeno de la oscilación de neutrinos, anunciaba un descubrimiento que rápidamente saltaba a todos los medios de comunicación: habían detectado un haz de neutrinos que podía viajar a mayor velocidad que la de la luz. La mayoría de los seres humanos no tenemos muy claro qué son los neutrinos, ni para qué sirven, pero desde niños sabíamos que no había nada más rápido que la luz, por eso, que de repente nos desmonten esa "certeza", nos deja, cuando menos, sorprendidos.

Aquel descubrimiento tenía, además, otra consecuencia, quizás no tan "trascendental" pero sí muy importante: desmontaba algunos de los postulados de la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein. Algunos de los mejores científicos del mundo, equipados con infinidad de "aparatos carísimos", habían echado por tierra lo que un gran genio, ganador de un premio Nobel, había conseguido calcular utilizando "un lápiz y un papel". 

Así es, un lápiz y un papel era todo el bagaje del que disponía este hombre, paciente, metódico y pacifista convencido, cuando, de una manera discreta, sin meter ruido, entró a formar parte de la comunidad científica. Había nacido el 14 de marzo de 1879, en la localidad alemana de Ulm, en el seno de una humilde familia de origen judío que un año después se trasladaría a Munich. Allí pasó Albert sus primeros años, enredando en el pequeño taller en el que su padre y su tío construían novedosos aparatos tecnológicos que no tenían mucha salida. Fue su tío, precisamente, quien contagió al pequeño su afición por los libros de ciencia que despertarían las inquietudes científicas del muchacho. Cuando el taller quebró, la familia se trasladó a Milán, mientras que Albert se quedaba en Munich para terminar sus estudios, pero poco después los abandonaría para reunirse con los suyos. Al no haber completado el bachiller, tuvo que hacer un examen de ingreso para entrar en el Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zurich, donde pretendía cursar estudios superiores, pero suspendió al fallar en una asignatura de letras, a pesar de que en ciencias era un estudiante excepcional.  Decidió entonces terminar el bachiller y en 1896, el mismo año en que para evitar cumplir con el servicio militar renunciaba a la ciudadanía alemana y se convertía en apátrida, obtenía el título y podía al fin cursar sus estudios graduándose en 1900 como profesor de matemáticas y física. Poco después empezó a enviar artículos a la revista alemana de física "Annalen der Physik". En 1901 le concedían la ciudadanía suiza y en 1902, como no encontraba trabajo, entró en la Oficina Federal de la Propiedad Intelectual de Suiza, donde desempeñó, durante siete años, una labor burocrática que le permitía seguir ocupando su mente en aquello que más le apasionaba, la física. Continuó, por tanto, enviando artículos a "Annalen der Physik" y así es como en 1905, un sencillo burócrata suizo, que no tenía ninguna relación con un laboratorio ni una universidad, enviaba a la revista alemana cinco artículos, de los que tres formarían parte hoy en día de cualquier lista que recogiera los textos más importantes de la historia de la física. 

      Aquellos artículos supusieron para Einstein el reconocimiento de la comunidad científica y le procuraron, al fin, un empleo como profesor universitario. Uno de ellos le daría en 1921 el premio Nobel de Física; otro, el que planteaba la Teoría Especial de la Relatividad, cambiaría radicalmente la manera de entender el Universo y nos ayudaría a conocerlo mejor.

Así, con un lápiz y un papel, como aquellas palabras que, según se cuenta, pronunció la propia esposa de Einstein, el día que un grupo de científicos estadounidenses les enseñaban unas impresionantes instalaciones tecnológicas y ella les preguntaba "si todos aquellos aparatos carísimos les servían a ellos para estudiar lo mismo que su marido con un lápiz y un papel". Se le olvidó mencionar la inteligencia, porque así es, mientras unos científicos trabajan con grandes equipos, Einstein tan sólo utilizaba su cerebro. El planteaba teorías que eran fruto de sus razonamientos y conclusiones, especulaciones matemáticas que salían de su cabeza con naturalidad. En fin, un genio.

Hace unos días nos llegaban noticias de que la velocidad de los neutrinos podría haber estado mal calculada, debido a un error producido por una mala conexión de un cable de fibra óptica con el GPS que hacía las mediciones. La mayoría de los seres humanos seguimos sin tener muy claro qué son los neutrinos, ni para qué sirven, pero al menos estamos tranquilos porque la luz sigue siendo lo más rápido que existe, tal y como sabemos desde niños y Einstein vuelve a ocupar el lugar que en justicia le corresponde: el más importante de los físicos del siglo XX.

La próxima vez hay que tener en cuenta que cuando algo falla, lo primero que hay que hacer es revisar los cables.


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domingo, 19 de febrero de 2012

Carnaval

Le Petit Journal Illustré en 1920 - Armand Rapeño
El Miércoles de Ceniza se inicia para los cristianos la Cuaresma, un periodo de penitencia y reflexión que sirve como preparación de la Pascua.

      En los primeros tiempos de la cristiandad, la Cuaresma no tenía una duración exacta. Fue a partir del siglo IV cuando se fijó en seis semanas, a imagen de aquellos cuarenta días que Jesús pasó de ayuno y meditación en el desierto justo antes de su muerte y resurrección. El ayuno fue, por tanto, una práctica habitual entre la comunidad cristiana durante ese periodo, sin embargo, a lo largo de aquellas seis semanas, no se podían cumplir cuarenta días efectivos de abstinencia, porque los domingos, al ser el Día del Señor, no se ayunaba. Se decidió entonces añadir cuatro días más antes del primer domingo, que permitían así celebrar cuarenta jornadas de ayuno desde el Miércoles de Ceniza al Domingo de Pascua, siendo éste el posterior a la primera luna llena de la primavera.

      La llegada de este periodo de recogimiento, está marcada, sin embargo, por unas jornadas de un carácter mucho más festivo, los Carnavales, que tienen lugar los tres días anteriores a la Cuaresma, aunque en muchos lugares sus celebraciones se extienden a lo largo de dos semanas o incluso más. Hay quien considera que carnavalesco es todo el tiempo que transcurre desde la Navidad hasta la Cuaresma, por las características especiales de las fiestas que se suceden a lo largo de esa época. Algunos historiadores, creen que sus orígenes se podrían encontrar hace unos cinco mil años, en las reuniones que los campesinos sumerios celebraban disfrazados y enmascarados alrededor de las hogueras, con las que festejaban la fertilidad de la tierra y alejaban los malos espíritus de las cosechas. Desde luego, lo que sí parece claro, es la relación que los Carnavales podrían tener con muchas de las fiestas paganas que se celebraban en la antigua Roma, como las "kalendae lanuariae", en las que comparsas de hombres disfrazados se burlaban de toda clase de personajes célebres e instituciones; las "saturnales", durante las cuales se realizaban diferentes ritos de inversión jerárquica; las "lupercales", en los que, tras el sacrificio de unas cabras, los jóvenes se untaban el cuerpo con la sangre de los animales muertos y corrían, cubiertos tan sólo por unas pieles, azotando con varas a la gente, especialmente a las mujeres; o las "matronalia", en las que los hombres hacían regalos a sus esposas y se ensalzaba a las mujeres durante toda la jornada que duraba el festejo. 

      Existen varias propuestas a la hora de buscar la procedencia de la palabra Carnaval, que venimos empleando en España desde el siglo XVII. Parece que su origen está en el vocablo "carnevale", muy utilizado en la Italia medieval y que provenía, a su vez, de "carnelevare", que significa "quitar la carne", en una clara referencia al periodo de ayuno que viene a continuación. Sin embargo, a lo largo de los tiempos, se han utilizado otras expresiones muy diferentes, como "carnestolendas", que tiene el mismo significado que la anterior y en la que podemos identificar el "carnestoltes" utilizado actualmente en Cataluña. Otra curiosa expresión es "antruejo", que proviene del latín "introitus" y significa "entrada", una clara alusión de cómo estas fiestas sirven de paso hacia la Cuaresma. Aquí podemos encontrar el origen de palabras como las que se utilizan para los Carnavales en Asturias, "antroxu" y en Galicia, "antroido" o "entroido", como también los llaman por tierras del Bierzo. Además, otro término muy utilizado en España entre los siglos XIV y XVI es "carnal" que, evidentemente, quiere decir "de la carne".

       Desde la Edad Media, las fiestas de Carnaval han sido muy populares a lo largo de toda Europa, desde el pueblo llano hasta las más altas clases sociales, donde alcanza determinados niveles de refinamiento y elegancia que, aún hoy, podemos encontrar en un Carnaval de reputado nombre como es el de Venecia. Además, como otras muchas costumbres, no tardarán en pasar desde el viejo continente hasta América, donde arraigan con mucho éxito, como bien lo demuestran los célebres Carnavales de Barranquilla, en Colombia; Veracruz, en México o, cómo no, el de Río de Janeiro, sin duda el más famoso y espectacular del mundo.

      Fue, precisamente en el medievo, cuando el Carnaval adquiere el aspecto con el que lo conocemos actualmente, una celebración con un cierto carácter transgresor, que nos permitirá durante unos días romper con determinadas normas sociales, invirtiendo nuestra personalidad a través de los disfraces; parodiando y criticando a instituciones o a célebres personajes de la política y la sociedad; comiendo y bebiendo copiosamente aquellos alimentos que, como la carne, pasarían a estar más restringidos durante la Cuaresma; o comportándonos de una forma más desinhibida, más espontánea, bailando, saltando, o fustigando y arrojando cosas a los demás, en una cierta locura "controlada" que forma parte de estas fiestas. Todo esto llevará, ya en el Renacimiento, a que haya diferentes intentos de controlar o, incluso, prohibir estas fiestas o algunas de sus prácticas en muchos lugares, como sucedió aquí en España durante la última dictadura, época en la que no se permitían estas celebraciones, limitándose el Carnaval a una fiesta de carácter infantil. Hoy en día, por suerte, podemos disfrutar con libertad de los festejos que Don Carnal lleva por todos los pueblos, en sus diferentes variedades, antes de dar paso a Doña Cuaresma, que un año más llegará recordándonos que polvo somos y en polvo nos convertiremos.

      Así que ¡Viva don Carnal!.


lunes, 13 de febrero de 2012

Malvinas


Islas Malvinas - Foto: NASA
De vez en cuando, el viejo conflicto que argentinos y británicos mantienen por las Islas Malvinas, vuelve a aflorar con nuevos comentarios o declaraciones de intenciones por una u otra parte. 

Este archipiélago, formado por unos doscientos islotes, de los cuales los principales son los dos mayores, Soledad y Gran Malvina, está situado en la plataforma continental de América del Sur, frente a la Patagonia, a tan sólo 480 kilómetros de sus costas, bañado por el que los argentinos llaman Mar Argentino, en el Atlántico Sur. Allí viven unas cuatro mil personas, a las que se conoce como kelpers, nombre que deriva de unas algas llamadas kelps que se dan en abundancia en aquellas aguas, aunque se trata de un término que a ellos no les agrada demasiado y prefieren denominarse islanders. Existen indicios de que, ya en la antigüedad, los indígenas de la Patagonia pudieron haber llegado a estas islas navegando en canoas desde la costa, sin embargo, cuando los primeros europeos llegaron allí, estaban deshabitadas.

Es difícil precisar quién fue su descubridor y cuándo sucedió. Hay quien dice que pudo ser Américo Vespucio, durante un viaje que partió de Lisboa en 1501, aunque no hay pruebas fehacientes de ello; otros, que fue Esteban Gómez, un explorador portugués que formó parte de la expedición de Magallanes y que, durante su regreso a España en 1520, tras desertar de la flota, pudo haber divisado las islas a las que bautizó con el nombre de su nave: San Antón. Sin embargo, mientras algunas fuentes aseguran que una expedición comandada por Francisco Ribera, tomó posesión del archipiélago para España el 4 de febrero de 1540, los británicos, por su parte, mantienen que fue el explorador John Davis quien las descubrió el 14 de agosto de 1592, aunque también, hay quien defiende la teoría, de que fue el corsario inglés Richard Hawkins quien lo hizo en 1594. No obstante, el primero en aportar pruebas fidedignas de haberlas visto, fue el capitán holandés Sebald de Weert, que, tras avistarlas en el año 1600, las situó geográficamente, como así lo confirman las cartas náuticas holandesas de la época, donde aparecen con el nombre de Islas Sebald o Sebaldinas. En 1690, una expedición británica comandada por el capitán John Strong, navegó por el canal que hay entre las dos islas mayores y lo llamó Falkland Channel, en honor al vizconde que había financiado aquel viaje. Así, Falkland será, desde entonces, el nombre utilizado por los británicos para referirse a este archipiélago.

A pesar de las disputas entre británicos y españoles por dilucidar quién había sido su descubridor, los primeros en ocuparlo fueron los franceses, en el año 1764, aunque ya desde principios de ese siglo habían realizado varios viajes de reconocimiento a las islas. El explorador francés Louis Antoine de Bougainville les puso el nombre de Malouines, debido a que la mayoría de las expediciones habían partido del puerto francés de Saint-Maló, y estableció en ellas la primera colonia, en el noroeste de la Isla Soledad, a la que llamó Port Saint Louis (actualmente Port Solitude y Puerto Soledad para los argentinos). No tardó mucho la corte de España en enviar una queja formal a Francia, alegando que aquellas islas formaban parte de América del Sur y pertenecían, por tanto, a la corona española que era quien gobernaba aquellas tierras. Así, por motivos diplomáticos, el rey Louis XV de Francia obligó a Bougainville a reconocer la soberanía del reino de España sobre las islas y entregar la colonia a los españoles en 1767, recibiendo a cambio una indemnización de 618.108 libras. Mientras tanto, los británicos, que no estaban dispuestos a renunciar a aquel territorio, de suma importancia para sus intereses comerciales en el Pacífico, establecieron en 1765 un asentamiento al que llamaron Port Egmont, que fue desalojado por una flotilla española en 1770, generándose un conflicto que a punto estuvo de desatar una guerra entre ambas naciones y que se resolvería in extremis con un acuerdo por el que la corona española permitía a los británicos regresar a Port Egmont, donde mantuvieron su base hasta que se fueron en 1774. Desde entonces, España regentó las islas como parte del Virreinato del Río de la Plata, hasta que las abandona definitivamente en 1811, quedando totalmente deshabitadas salvo por las ocasionales visitas de algunos balleneros y cazadores de focas que llegaban, de vez en cuando, en busca de refugio y provisiones.

      En 1816, Argentina proclama su independencia y ejerce sus derechos de soberanía sobre el archipiélago, como parte del legado de la corona española, ocupándolo oficialmente en 1820 y estableciendo una colonia en la que vendría al mundo, en 1830, la primera persona nacida en las islas. Poco tiempo después, todo iba a cambiar. 

Corría el año 1832, cuando una corbeta británica llegaba a Port Egmont. Sus tripulantes tomaron posesión de nuevo de aquel territorio, reconstruyeron el viejo fuerte y después pusieron rumbo hacia la colonia argentina, fondearon frente a ella y enviaron un mensaje a sus habitantes instándoles a rendirse sin ofrecer resistencia. Poco podía hacer aquella gente ante la superioridad bélica de la nave y así, pocos días después, la bandera británica ondeaba libremente sobre la isla, donde se mantuvo, a pesar de las reclamaciones que los argentinos vinieron realizando a todos los niveles, hasta que el día 2 de abril de 1982, un contingente de soldados argentinos desembarcaba en las islas cogiendo por sorpresa a las fuerzas británicas. Aquella arriesgada aventura terminaría, sin embargo, 74 días después, cuando el ejército argentino, mal pertrechado y hambriento, se rendía dejando atrás 649 muertos, por su parte, y 255, por la de los británicos.

Está claro que muy poco o nada hemos aprendido los seres humanos de nuestra historia. Tantas reuniones al más alto nivel de mandatarios, políticos y personal de Naciones Unidas y no hemos conseguido, al menos, encontrar una manera de resolver nuestros conflictos, que no sea matándonos en absurdas guerras sin sentido. Pero no perdamos la esperanza, quizás algún día seamos capaces, no sólo de hablar, sino de escuchar a los demás y entendernos. 



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domingo, 5 de febrero de 2012

Los Jardines del Diablo

Amazonas - Imagen por USGOV
Desde la cordillera de los Andes en Perú, hasta su desembocadura en las aguas del Atlántico que bañan Brasil, el río Amazonas recorre Sudamérica de oeste a este, a lo largo de unos 6800 Kilómetros que lo convierten, según estudios recientes, no sólo en el río más caudaloso del mundo, sino también en el más largo. Su cuenca hidrográfica, la mayor del planeta con 6,2 millones de kilómetros cuadrados, sustenta la selva amazónica, que es el mayor bosque tropical que existe y la ecorregión con mayor biodiversidad de la Tierra. Un territorio prodigioso, donde pueden llegar a convivir en una sola hectárea cientos de especies diferentes de árboles, entremezclados en un tupido caos vegetal.

Si hay un lugar sobre la Tierra capaz de sorprendernos aún con algo nuevo por descubrir es, sin duda alguna, la selva amazónica. En ella, aún hoy el ser humano pude encontrar nuevas plantas, nuevas especies animales o, incluso, nuevas tribus desconocidas hasta ahora. En su interior, en medio de todo ese desorden se ha venido produciendo un extraño fenómeno. De vez en cuando, aleatoriamente, sin responder a ningún orden establecido, aparecen extensas áreas de terreno pobladas prácticamente por una única especie de árbol, el Duroia hirsuta, que popularmente recibe nombres tan diversos y curiosos como: borojocillo, huitillo, turma de mono o solimán. Los indígenas del Amazonas, incapaces de encontrar una explicación aceptable, atribuyen tan insólito fenómeno a la presencia de un ser maligno.

Así, las leyendas locales nos cuentan que esas parcelas son propiedad de un espíritu del mal, un demonio que se encarga por las noches de limpiarlas de maleza, impidiendo que crezca en ellas ningún otro tipo de planta, tan sólo los Duroia hirsuta porque son sus árboles preferidos. Por eso, muchos son los que hacen referencia a este árbol como "la Casa del Diablo" y a los trozos de selva ocupados por ellos los denominan "los Jardines del Diablo". Un lugar en el que nadie se atreve a adentrarse en cuanto llega la noche.

La verdadera razón por la que no crecían otras plantas en aquellos Jardines del Diablo era un auténtico misterio, aunque se pensaba que probablemente fuera el propio Duroia hirsuta el que segregara algún tipo de sustancia que aniquilara cualquier planta que germinara en sus inmediaciones. Sin embargo, la realidad no iba a ser descubierta hasta que en el año 2005, un equipo de científicos de la Universidad de Stanford en Estados Unidos, dirigido por la bióloga Megan E. Frederickson, realizara una serie de experimentos en varios de esos Jardines del Diablo de la selva amazónica peruana. Tras plantar en las misteriosas parcelas varios ejemplares de otro tipo de árbol, comprobaron que aquel ser maligno que se encargaba de eliminar las plantas era, en realidad, una hormiga. O mejor dicho, no una, sino colonias enteras de un tipo de hormiga: la Myrmelachista schumanni, conocida como "hormiga limón". 

Este pequeño ser, fabrica los nidos en los que vive en los tallos de los Duroia hirsuta y mata a las plantas de alrededor para que sus comunidades tengan más espacio donde instalarse. Para llevar a cabo su macabro plan de exterminio, les inyectan ácido fórmico que ellas mismas segregan y en menos de veinticuatro horas aparecen en la planta los primeros síntomas de necrosis. Así, no van muy desencaminadas las leyendas locales, pues, al menos para las plantas, no cabe duda de que esta pequeña hormiga, es un maligno ser que cuida de que en su territorio sólo subsista su árbol preferido.


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lunes, 30 de enero de 2012

Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe
Durante sesenta años, cada 19 de enero, un enigmático personaje ha depositado tres rosas y una botella mediada de coñac junto a una tumba del cementerio de la iglesia de Westminster, en Baltimore, concretamente junto a la tumba del que fue, sin duda alguna, el gran maestro de los relatos de misterio y de terror: Edgar Allan Poe.
Este insigne personaje de la literatura universal, nacía en Boston una fría noche de invierno de 1809. Sus padres, David y Elizabeth, formaban parte como actores de una compañía de teatro itinerante. Elizabeth, había seguido trabajando durante su embarazo y así, tras una función, en la madrugada del 19 de enero, daba a luz a un niño al que pusieron de nombre Edgar, como uno de los personajes de la obra "El rey Lear" que representaban por entonces. Edgar Poe Arnold fue el segundo de los tres hijos que tuvo aquella pareja de humildes actores, cuyas vidas, marcadas por el alcohol y la tuberculosis, pronto se truncaron, dejándolo huérfano con apenas tres años. Los Allan, una adinerada familia de comerciantes de origen escocés que vivía en Richmond, se hicieron cargo de él. Le dieron su apellido, lo criaron y lo quisieron como a un hijo, pese a que nunca lo adoptaron formalmente. Con ellos se trasladó a Gran Bretaña cuando tenía seis años. Allí, le causó una gran impresión el lúgubre aspecto de las casas de aquella época, haciéndole sentir en persona la sensación de inquietud y miedo que, hasta entonces, sólo conocía por los relatos góticos que acostumbraba a leer en las revistas inglesas de su padre. Así, empezaría a nacer en él una gran atracción hacia todo lo relacionado con el terror, que más tarde formará parte importante de su obra.

Edgar fue un chico inteligente y un buen estudiante al que se le daban bien las matemáticas y la historia, además de ser un gran aficionado a los deportes. A su regreso a Estados Unidos, pocos años después, se enamoró por primera vez. Lo hizo de una viuda, madre de un amigo suyo, pero murió poco tiempo después, dejándolo sumido en una profunda melancolía y una depresión que, sin duda, a sus catorce años, ayudó a forjar su extraño carácter, pacífico, pero poco sociable. De esa época son sus primeros versos, inspirados en la obra de Lord Byron. Byron y Walter Scott fueron dos autores de importante referencia para Poe, de los que heredará el lirismo del primero y el estilo narrativo y argumental del segundo.

A los dieciséis años se enamoró nuevamente. Lo hizo, en esa ocasión, de Sarah Elmira Royster,  una joven que vivía cerca de su casa. Sin embargo, su paso por la Universidad de Virginia le obligaba a separarse temporalmente de ella. Durante el breve periodo de tiempo que estuvo allí, apenas un año, tuvo su primer contacto con el alcohol. Con tan sólo diecisiete años, la bebida había empezado a ser una constante en su vida. Las continuas juergas y el juego le originaron grandes deudas, que le ocasionaron un serio enfrentamiento con su padre, con quien rompió toda relación. Dejó entonces la Universidad y, tras enterarse que Sarah se había casado con otro hombre, decidió marcharse a Boston donde malvivió como un vagabundo, trabajando ocasionalmente como dependiente y periodista, hasta que, incapaz de mantenerse por su cuenta, se alistó en el ejército con un nombre falso. Ese mismo año, 1827, con dieciocho años y ayudado por su madre, publicaba su primera obra, un libro de poemas que apenas se vendió. En 1829, tras dos años de vida militar, intentaba dejar el ejército, cuando recibió la noticia de la muerte de su madre, a la que siempre estuvo muy unido. Aquello fue otro gran golpe para él y su padre, apiadado por la situación, decidió ayudarle a licenciarse a cambio de que entrara en West Point, adonde llega en 1830. Un año después, no aguanta más allí y fuerza su expulsión, dejando atrás definitivamente su vida militar, de la que sólo conservará su grueso capote de cadete, que lo acompañará el resto de su vida. Desde entonces, intenta vivir de la escritura y va tirando como puede, hasta que en 1833 gana el primer premio en un concurso literario, por su relato "Manuscrito hallado en una botella". Aquello suponía el impulso que necesitaba para seguir escribiendo y le abre las puertas para trabajar como periodista, con notable éxito además, pues sus relatos gustaban a la gente y el periódico en el que trabajaba pronto multiplicó su tirada gracias a él. En 1835 se casó en secreto con su prima Virginia Clemm, de tan sólo trece años. Son, probablemente, los mejores años de la vida de Poe, hasta que, de nuevo, la desgracia se ceba con él en 1842, cuando a su esposa le diagnostican tuberculosis. Aquella noticia lo hunde y, desesperado, busca refugio en la bebida durante unos años tormentosos, pese a lo cual sigue escribiendo y crea la que, seguramente, fue la obra cumbre de su vida: "El Cuervo".

Virginia muere en 1847 y él se entrega de manera definitiva al alcohol, por lo que lo despiden de los periódicos en los que trabaja y termina nuevamente arruinado. En esa época, vuelve a aparecer en su vida Sarah Elmira Royster, con la que retoma la antigua relación de su adolescencia. Ilusionado, Poe decide cambiar su vida y acuerda casarse con Sarah, pero, poco antes de la boda desaparece, hasta que, unos días después, lo encuentran borracho en un inmundo callejón de Baltimore, vestido con unas ropas que no eran suyas y desvariando por culpa del delírium trémens. Moría en el hospital cuatro días más tarde, el 7 de octubre de 1849, sin llegar a recobrar la lucidez y acertando tan sólo a decir una sencilla frase poco antes de expirar: "¡Que Dios ayude a mi pobre alma!".


Tumba de Edgar Allan Poe - Autor: Midnightdreary
Así le llegó la muerte, envuelta en misterio. Como si de uno de sus relatos se tratara, nadie supo nunca qué había sucedido en esos últimos días de su vida, que fueron y seguirán siendo una incógnita, probablemente, para siempre. De la misma manera, que lo es la identidad de la persona que depositó rosas y coñac junto a su tumba durante sesenta años. Un encargado de la casa-museo de Poe en Baltimore, declaró que él había tenido ocasión desde 1978 de ver cómo, cada 19 de enero, llegaba de madrugada un hombre con abrigo negro, bufanda blanca y sombrero de ala ancha. Un ritual que comenzó en el primer aniversario de su muerte y duró hasta el año 2009, en que aparecieron las rosas y el coñac por última vez. Tal vez, aquel misterioso personaje, no se encuentre en condiciones de seguir realizando su habitual ofrenda o, tal vez, la vida le diera ya la oportunidad de reunirse a compartir una botella con aquel al que honró año tras año.

Si es así, es posible que, al afrontar tan importante y duro momento, tuviera en cuenta las palabras de su homenajeado. Poe siempre decía que "A la muerte se le toma de frente con valor y después se le invita a una copa"

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lunes, 23 de enero de 2012

La gran aventura de Jeanne Baret

Jeanne Baret
El 15 de diciembre de 1766, la fragata Boudeuse partía del puerto francés de Brest. A ella se uniría, el 13 de junio de 1767 en Río de Janeiro, el buque de carga l´Etoile para poner rumbo juntos a una aventura de tres años, en la que sería la primera expedición francesa alrededor del mundo. El viaje, que buscaba dar prestigio a Francia, estaba organizado por el militar, explorador y navegante francés  Louis Antoine de Bougainville, quien debía cumplir, en primer lugar, la orden del rey francés Louis XV de entregar las islas Malvinas a los españoles y continuar después su periplo alrededor del mundo, explorando el Pacífico en busca de tierras que se pudieran colonizar y realizando diversos estudios científicos. Para ello, Bougainville, se hizo acompañar por el cartógrafo Charles Routier de Romainville, el astrónomo Pierre-Antoine Véron y el botánico y naturalista Philibert Royale Commerson, quien había contratado, por referencias, a un joven para que lo ayudara en los diversos trabajos de campo que tendría que realizar. Hasta ahí todo normal, si no fuera porque aquel joven no era "un joven", sino una mujer.

Jeanne Baret, que así se llamaba, había nacido en 1740 y creció en un ambiente dominado por la pobreza y el hambre, teniendo que trabajar muy duro para superar un sinfín de dificultades. Así, cuando en 1760 llegó para hacerse cargo de la casa de Commerson, tras la muerte de su esposa, no podía ni siquiera imaginarse la aventura que la vida le reservaba pocos años después. Aquella relación, que había empezado siendo laboral, terminaría convirtiéndose con el tiempo en una relación sentimental de la que incluso, según parece, nació un niño que fue entregado en adopción. Cuando Commerson fue contratado por Bougainville para aquel largo viaje alrededor del mundo, él y Jeanne decidieron realizarlo juntos, pero no iba a resultarles fácil, pues ni las ordenanzas reales permitían que las mujeres se enrolaran en los barcos de la Corona, ni lo permitirían los tripulantes de las naves, temerosos de las supersticiones populares, que aseguraban que las mujeres a bordo traían mala suerte. Urdieron entonces un arriesgado plan: Commerson pidió poder contratar como ayudante a un joven del que tenía muy buenas referencias y así, Jeanne viajó por separado en la nave l´Etoile, disfrazada de hombre y simulando no conocer a quien la había contratado, hasta que se presentó ante él con el nombre de Jean Barré.

Fragata La Boudeuse
Jeanne se tomó su trabajo muy en serio y no sólo acompañó a Commerson en sus expediciones para recoger muestras por pantanos, selvas y bosques de Brasil, el Estrecho de Magallanes, Tahití o Madagascar, sino que, incluso, durante una época en la que el científico cayó enfermo, ella sola se encargó de realizar todo el trabajo de recolección, clasificación y conservación de los ejemplares recogidos, convirtiéndose en una experta botánica. Un trabajo excepcional para una mujer, en un tiempo en el que el género femenino no tenía acceso a la investigación científica y teniendo además que mantener continuamente oculta su identidad, en un ambiente de hombres donde no tardaron en aparecer comentarios jocosos sobre su cara imberbe, sus gestos afeminados y su forma de vestir o las sospechas que levantaba el que siempre buscara un lugar apartado para hacer sus necesidades. Sin embargo, su secreto se mantuvo hasta que llegaron a Tahití, donde los indígenas tahitianos descubrieron que era una mujer nada más verla. No tuvo más remedio entonces que confesar la verdad y Bougainville, para evitar los problemas que aquel suceso les podría acarrear a su regreso a Francia, hizo que Commerson y ella desembarcaran el 8 de noviembre de 1768 en Mauricio, con toda su colección de historia natural, no sin antes reconocerle el excelente trabajo que había realizado y el ejemplar comportamiento que había tenido durante su estancia en el barco.

Allí, en Mauricio, muere en 1773 Philibert Commerson y Jeanne queda en una situación bastante precaria. Para subsistir, abrió un cabaret en la capital de la isla, Port Louis, pero pronto tuvo problemas con la comunidad de la colonia por servir alcohol los domingos. Conoció entonces a un militar con el que se casó y así pudo obtener la autorización para volver a Francia, a donde llegó en 1776 con todas las cajas que contenían la colección de plantas recogidas durante su viaje. En 1785 le fue reconocida oficialmente su labor en la expedición de Bougainville y el rey le concedió una pensión. Jeanne Baret, se había convertido en la primera mujer que dio la vuelta al mundo, realizando, además, una gran parte de la labor científica de la expedición, durante la que se recogieron unos 6000 ejemplares de plantas. Entre ellas había una de bonitas y coloridas flores que fue llamada "buganvilla", en honor a Louis Antoine de Bougainville, comandante de la expedición. Unas 70 especies fueron bautizadas posteriormente con el nombre "commersonii" en honor a Philibert Commerson. Nunca, ninguna de ellas, llevó el nombre de nuestra protagonista, hasta que su historia llegó a oídos del botánico de la Universidad de Utah, Eric J. Tepe, quien escuchó en la radio una entrevista que le hicieron a la profesora de la Universidad de Louisville, Glynis Ridley, autora de un hermoso libro sobre la vida de Baret titulado "The Discovery of Jeanne Baret". Tepe decidió entonces poner fin a aquella injusticia, dedicándole a Jeanne una especie descubierta por él mismo, una planta trepadora que se encuentra en el sur de Ecuador y en el norte de Perú, a la que llamó "Solanum baretiae" en honor de aquella mujer a la que no dudó en calificar de "...gran botánica y exploradora por derecho propio".


lunes, 16 de enero de 2012

Esos genios desconocidos

A mediados de diciembre de 2011, nos llegaba por un pequeño titular de prensa, que fácilmente podría pasar desapercibido, la noticia de la muerte de Manuel Jalón. Así, de mano, a la mayoría no nos dice nada ese nombre, pero la cosa cambia cuando seguimos leyendo y descubrimos que Manuel Jalón forma parte de la historia por ser el inventor de un artículo que, sin duda, nos ha facilitado mucho la vida: la fregona.

Manuel Jalón
Algunos, tenemos edad suficiente para haber visto a nuestras madres y abuelas machacarse las rodillas y los riñones fregando los suelos de casa, con la única ayuda de una pequeña almohadilla sobre la que arrodillarse y escurriendo a mano, una y otra vez, una bayeta que pronto había cambiado su color original, por un sucio gris que ya nunca más iba a abandonar. Sin embargo, todo empezará a cambiar cuando en 1956, este ingeniero aeronáutico que nació en Logroño en 1925 y que pasó la mayor parte de su vida en Zaragoza, hizo caso de la sugerencia de un amigo que, mientras tomaban algo en un bar y se fijaban en una mujer que fregaba el suelo del establecimiento, le dijo que debería dejar de pensar en componentes aeronáuticos e inventar algo para que las mujeres pudieran fregar de pie. Recordó entonces un artilugio que había visto en Estados Unidos, cuando realizaba un curso de mantenimiento de aviones. Se trataba de un original cubo metálico dotado de dos rodillos de madera, que permitían escurrir las bayetas mojadas con que se limpiaban los hangares. Inspirado en aquello, desarrolló los primeros proyectos de su ingenio. La simple idea de poner un palo de escoba a un manojo de tiras de algodón y escurrirlo en un cubo dotado de unos rodillos accionados por un pedal, iba a cambiar radicalmente los hábitos de limpieza existentes en aquellos días, sobre todo con la llegada del primer modelo de uso doméstico en 1964, que no sólo iba a dignificar, sino también hacer mucho más cómodo el trabajo de millones de mujeres, además de prevenir muchas enfermedades producidas en rodillas y espalda, por la postura, y en las manos, por el contacto continuado con la lejía.

Sin embargo, en su momento, fue necesaria una gran labor comercial para dar a conocer aquel novedoso artículo, teniendo que recorrer una por una cada tienda para presentarlo y el comerciante, a su vez, hacer demostraciones a cada cliente que pasaba por la tienda para poder venderlo. No obstante, pronto iba a hacerse un sitio en los hogares españoles, viajando además a otros países de la mano de turistas y emigrantes que, cuando se iban de España, llevaban consigo muestras de tan práctico utensilio. Hoy en día es algo de uso común en cualquier casa, millones de personas la utilizan en todo el mundo y ni siquiera puedo pararme a pensar en como haríamos si no existiera este artículo, al que su creador llamó "lavasuelos", pero su primer vendedor, Enrique Falcón, bautizó como "fregona", expresión por la que se conocía a la mujer que fregaba los suelos.
Manuel Jalón, además de la fregona, desarrolló el diseño de una jeringuilla desechable, de la que diariamente se utilizan millones de unidades en todo el mundo. Como él, muchos otros personajes han enriquecido la historia de este país con su creatividad, colaborando con sus inventos y sus ideas a hacernos la vida un poco más fácil. Algunos son bastante conocidos. De otros, en cambio, sus nombres resultan desconocidos para la inmensa mayoría de nosotros.
Así, podemos recordar aquí a algunos de ellos como:

Talgo 1 de Alejandro Goicoechea
Alejandro Goicoechea, nacido en Elorrio (Vizcaya) en 1895, que creó un tren articulado muy ligero, indescarrilable y que alcanzaba grandes velocidades sin apenas riesgo, el Talgo

Narciso Monturiol, nacido en Figueras (Gerona) en 1819, creador del primer buque sumergible.

Isaac Peral, nacido en Cartagena (Murcia) en 1851, creador del primer submarino propulsado por energía eléctrica.

Juan de la Cierva, nacido en Murcia en 1895, creador del autogiro, precursor del helicóptero moderno.

Jerónimo de Ayanz, nacido en Guenduláin (Navarra) en 1553, pionero en el desarrollo y construcción de la máquina de vapor.

Enric Bernat, nacido en Barcelona en 1923, que, aunque no fue el creador de los caramelos con palo, pues ya se utilizaban anteriormente, sí tuvo un gran éxito en la comercialización del producto que se le ocurrió fabricar, cuando se fijó en que los niños para hablar y jugar se sacaban los caramelos de la boca: el Chupa Chups, golosina que hoy en día se vende en casi todo el mundo.

Spanish Aerocar de Torres-Quevedo en las Cataratas del Niágara
Leonardo Torres-Quevedo, nacido en Santa Cruz de Iguña (Cantabria) en 1851, cuyas ideas contribuyeron a mejorar el funcionamiento de teleféricos y funiculares, ideando y creando algunos tan importantes como el que cruza las cataratas del Niágara. Además, desarrolló un modelo de máquina taquigráficamáquinas de escribircalculadoras, una máquina de juego automático de ajedrez y un curioso ingenio al que llamó telekino, que permitía controlar mediante ondas hertzianas a otro aparato que estuviera situado más lejos, es decir, el origen del mando a distancia. 

Manuel Vicente García, nacido en Zafra (Badajoz) en 1805, un cantante de ópera y profesor de canto, tan preocupado porque sus alumnos aprendieran a respirar correctamente, que ideó un artilugio para poder visualizar la laringe y comprender su funcionamiento y que sería de gran utilidad para la medicina: el laringoscopio

Emilio Herrera, nacido en Granada en 1879, diseñó la escafandra estratonáutica, un traje presurizado que fue el precedente de los trajes espaciales. 

Además, también podríamos hablar aquí de la grapadora diseñada y fabricada por Juan Solozabal y Juan Olave, cuando la fábrica de armas El Casco, que ellos habían fundado en 1920 en Eibar (Guipuzcoa), tuvo  la necesidad de reconvertirse debido a la crisis y buscar nuevas líneas de trabajo. No fue la primera grapadora de la historia, pero sí el modelo de sobremesa más utilizado durante la segunda mitad del siglo XX y aún hoy es el más apreciado. De su fábrica salió, además, un popular  afilalápices mecánico que diseñó Ignacio Urresti en 1945.

De anónimos creadores, pero de origen español, podemos citar algunos artículos tan populares como: el Botijo, la Bota de Vino típica de Navarra o el Porrón, originario de Cataluña y que debe su nombre a su parecido, en la forma, a una variedad de pato buceador. Además, cómo no, la guitarra; la navaja, que parece ser que apareció en el siglo XVI, cuando Carlos I prohibió por ley llevar espada a quienes no pertenecieran a la nobleza;  o el cigarrillo, originado también en el siglo XVI, cuando los mendigos de Sevilla aprovechaban los desperdicios de tabaco, liándolos en papel de arroz.    
Máquina de Santi Trias
Unos días antes de la publicación de este artículo, podíamos leer en la prensa que un catalán, Santi Trias Bonet, había inventado una máquina capaz de producir energía a partir de la presión que se genera en una columna de agua, una energía 100% limpia, que no contamina. Desde aquí, queremos desearle tanto éxito como el que Jalón tuvo con su fregona y que, no tardando mucho, haya millones de máquinas repartidas por todo el mundo que nos libren, de una vez por todas, de nuestra dependencia de los combustibles fósiles que tanto ensucian nuestro planeta.



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